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El milagro Omnilife


El carismático empresario tapatío, Jorge Vergara
"En otras ciudades nos han ofrecido muchas ventajas para instalarnos, pero todavía le tengo ganas a esta ciudad"
Dino Rozenberg




Jorge Vergara es un personaje fascinante y enigmático que se ha convertido en una celebridad. No se puede pasar por Guadalajara sin hablar de Omnilife y de las Chivas, que ya tienen sucursal en Los Ángeles: ChivasUSA.

Su biografía ya es conocida: trabajó en Grupo Alfa y vendió autos Volkswagen y luego vivió en Francia. Cuando quebró una distribuidora de carnitas y un restaurante italiano y estaba “gordo, enfermo y sin dinero” tuvo una inspiración. Fundó Omnitrition para fabricar complementos alimenticios y vitaminas, y venderlos con el modelo de multiniveles (ahora es multidesarrollo).

Diez años después, en 2001, la organización cambió a Omnilife. Tiene 3,200 empleados, 2.2 millones de distribuidores en 12 países y sus ventas de 2004 llegaron a 1,000 millones de dólares. En marzo se abrió la operación en Rusia. Grupo Omnilife está integrado por más de 30 empresas, incluyendo financiera, logística, empacadora y hasta una generadora de electricidad; tiene editoriales, una disquera, una productora de películas, fundaciones filantrópicas y JVC, un complejo de 240 hectáreas que requerirá 600 millones de dólares.

El día de su cumpleaños 50, Jorge Vergara recibió a Alto Nivel en su despacho adornado con muebles ultramodernos. Había globos y pasteles, y el ventanal estaba pintado con felicitaciones de sus colaboradores.

El inicio de la entrevista fue algo tenso, quizá debido a los golpes que ha recibido, pero con los minutos se fue volviendo más relajada. No hubo cuestionario previo ni pidió que algún ejecutivo estuviera para apoyarlo.

Cuando se le pregunta por qué se instaló en Guadalajara, Vergara dice que ahí nació y que le gustó el reto. “Es una ciudad muy cerrada y envidiosa, y un mercado muy difícil de sacar adelante. De oficio, la gente rechaza el éxito de los demás. En otras ciudades nos han ofrecido muchas ventajas para instalarnos, incluso fiscales, pero Guadalajara implica un reto y yo soy de los que creen que las cosas se pueden cambiar. Por eso estoy aquí.”

Aunque los productos de Omnilife no tienen nada de especial (vitaminas, refrescos y complementos para bajar de peso, cosméticos), el empresario les atribuye un efecto revolucionario. Tiene su punto: al mejorar la nutrición de la gente de menores recursos es posible elevar el nivel de vida de la sociedad. Los distribuidores (que son consumidores de esos productos) también mejoran su situación económica y fortalecen sus aspiraciones. A esto ayuda la capacitación que se da en las “Escuelas de hombres y mujeres” patrocinadas por el Grupo.

“Todo el proyecto Omnilife se funda para que la gente pueda mejorar su vida y alcanzar una independencia financiera. Si uno adopta el sistema comercial tradicional tiene un problema grave: el único que gana es el empresario. Aquí las utilidades se reparten con todo mundo. La idea es que la gente pueda ser parte del proyecto, no sólo de palabra. Yo no quiero convertir esto en un puro negocio mercantil, que no tiene nada de malo, pero que no es lo que persigo.”

Cuando se le piden números, no los oculta: “Omnilife es un negocio de 1,000 millones de dólares. Eso fue el año pasado y la intención en 2005 es crecer por lo menos 30%. Vamos bastante bien porque en el primer mes y medio ya llevamos 22%. Se reparte mucho: 75% de todo esto se queda en las manos de los distribuidores”.

Vergara reconoce que su liderazgo personal le exige estar muy cerca del negocio, pero aclara que no lo hace todo y que ha contratado profesionales para manejar las operaciones. “No quiero que Omnilife sea un corporativo, con más problemas que las empresas familiares. Mi experiencia en Alfa fue muy interesante. Aprendí que un corporativo se puede quebrar por lo corporativo. Lo que estamos haciendo es combinar una empresa familiar con una parte más institucional.”

Al propietario de las Chivas no le disgusta que la gente lo perciba como un gestor social y un retador. “Así soy yo y es parte de mi proyecto de vida. Creo que tenemos que detonar un cambio trascendental en la gente y en el país. Ahora somos solamente 1.2 millones en México, pero cuando seamos 5 ó 6 millones el cambio será más extenso, económico y de desarrollo personal.”

El empresario no será ni Marcos ni el Dr. Simi. “Tengo muy claro adónde voy. La política no es un medio que piense o que deba usar. Para eso están los políticos, aunque no sean muy buenos. Ellos tienen que hacer su chamba. La mía es emprender proyectos en los que todo el dinero se reinvierta. Educar y capacitar es la única manera de cambiar un país.”

Cuando se le interroga sobre los negocios y la derrama económica en Guadalajara dice que tiene más de 700 proveedores (de cartón, envases pet, productos agrícolas, etc.) y que es el mayor generador de empleo en el estado.

También acepta que hubo dudas sobre el crecimiento acelerado de su fortuna. “Querían encontrarle razones tenebrosas y ocultas, pero ya se sabe que Hacienda me ha hecho como 200 auditorías y que somos más transparentes que el agua. Ahora hay un proceso de aceptación y varios empresarios se nos han acercado.”

“No soy muy dado a las relaciones sociales –prosigue–, pero será bueno tener un programa del que todos podamos sacar beneficios.” Vergara habla de un proyecto social, más que político, descarta las cúpulas empresariales y asegura que el país ya dejó de ser “lo que era cuando el PRI”.

No es fácil entender el manejo de este emporio de 1,000 millones de dólares, sobre todo porque Vergara se conduce de una manera atípica. Reservado y poco afecto a los eventos sociales, se exhibe en actos multitudinarios y, a través del Club Guadalajara, está en la mira de millones de fanáticos. Vergara no usa calcetines, anda todo el tiempo con una botella de sus refrescos y no se mide con los aviones: tiene un Boeing 737-700 decorado y bautizado “Nilambara”. No se puede definir como un moralista: su empresa Anhelo produjo la notoria cinta Y tu mamá también. Es el editor de revistas como Wow y Babybaby.

Sin dudas es un hombre de negocios muy especial, y así lo muestra el parque JVC (las iniciales de su padre, Jorge Vergara Cabrera), que busca detonar el desarrollo social y urbanístico de Guadalajara. “Todavía le tengo ganas a esta ciudad”, y dice que la arquitectura es un punto de inflexión para el cambio. Será un centro mixto, donde la parte comercial financie museos y actividades culturales. El empresario espera que lo visiten 25 millones de personas por año, y está abierto a inversionistas que quieran entrarle: convenciones, área comercial y de entretenimiento, palenque, recinto ferial, el Mundo de los Niños, Universidad del Éxito, hotel y departamentos.

Nunca se sabe cuál será el siguiente paso de Jorge Vergara, de manera que el enigma sigue creciendo. Ahora quiere que Chivas sea campeón y dice que, seguro, será en 2006.



 
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